Lo que Trump está haciendo en Estados Unidos no es normal
Fuente (CNN)
- No puedes equivocarte al esperar lo peor de Donald Trump.
En 24 horas, hizo un llamamiento al
fiscal general para detener la
investigación de los vínculos de su campaña con Rusia, criticó
la acusación penal de su exgerente de campaña Paul
Manafort como un "engaño" y mintió en su mitin de
Florida sobre su propia popularidad.
Súmale a eso su alocado reclamo de que la gente necesita presentar
identificación para comprar comestibles y conseguirás a Trump en su peor
momento.
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dice que espera "verlo pronto"
Viniendo de cualquier otro
presidente, el tipo de charla loca de Trump —muy personal, fea y trastornada—
sería suficiente para suscitar llamamientos para el médico de la Casa Blanca,
quien, al menos, podría prescribir un descanso. Pero con Trump, las declaraciones
que parecen estar intentando obstruir la justicia y distorsionar la realidad ya
no provocan indignación generalizada porque le ha enseñado al mundo a dejar de
tratar de dar sentido a lo que dice.
Dieciocho meses después de su
Gobierno, Trump nos ha bombardeado con tanto ruido que nuestras mentes han sido
entrenadas para ignorar gran parte de lo que dice.
Una buena analogía de la biología es lo que le sucede a las personas que
trabajan en ambientes fétidos y se vuelven insensibles a los olores.
Simplemente ya no notan el hedor. En psicología, este proceso se ha observado
cuando se trata de violencia. Las exposiciones repetidas acostumbran a
las personas al sufrimiento.
Con Trump, parece que la
inclinación natural para aquellos que no están de acuerdo con él es defenderse
de la embestida abandonando la idea de que el público obtendrá por parte de
nuestro presidente cualquier cosa que se acerque a la verdad, la dignidad y la
decencia.
También tratamos de aplacar la
sensación de miedo que experimentamos porque nuestras mentes no pueden manejar
las subidas de la adrenalina que surgen cuando las terribles palabras de Trump
y las reacciones de sus seguidores, como las de la mafia, desencadenan nuestra
respuesta de lucha o huida.
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los demócratas por crisis de separación de familias
Muchas personas pueden reconocer
las señales de peligro en palabras o el cambio de humor de una multitud. Cuando
Jim Acosta, de CNN, advirtió recientemente sobre el potencial de violencia
inspirado por los furiosos comentarios de Trump sobre los periodistas, demostró
una versión de orden superior de este instinto. Acosta tuiteó un video de su
encuentro con los partidarios de Trump en el mitin del presidente en Tampa,
Florida y escribió: "No debemos tratar a nuestros conciudadanos de esta
manera. La prensa no es el enemigo".
Si observas el video del mitin que
Acosta publicó, verás el tipo de furia que uno podría esperar que se dirija a
un asesino en masa o un enemigo que se ha demostrado que tramó la destrucción
absoluta de nuestra sociedad. Trump ha incitado este sentimiento al llamar
repetidamente a los periodistas como el "enemigo" y ofrecer mentiras
sobre "noticias falsas" para respaldar esta acusación.
En una moda despreocupada, el
hijo del presidente, Eric Trump, llegó a Twitter para impulsar a los que
vomitaban veneno contra Acosta añadiendo la palabra "verdad" a un
clip de los asistentes al mitin, y el presidente retuitetó el tuit de Eric
Trump.
Fuera de la esfera de Trump, las
declaraciones y sentimientos desagradables del presidente y sus facilitadores
son descontados por los funcionarios públicos, Paul Ryan es un ejemplo, que
siguen tratando de hacer su trabajo. También por los ciudadanos comunes que se
han vuelto insensibles a su retórica. Sin embargo, este entumecimiento no
indica que somos inmunes a los efectos dañinos de los hábitos destructivos de
Trump, del mismo modo que los efectos de la anestesia no eliminan el verdadero
impacto que una cirugía puede tener en el cuerpo.
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poner fin a investigación rusa a través de un tuit
Con sus continuos ataques contra
el sistema judicial, la prensa y la realidad misma, Trump hace que sea
imposible para aquellos que están fuera de su base de apoyo —y, de acuerdo con
los recientes índices de aprobación, la mayoría de los estadounidenses están
fuera de ella— recuperar un sentido de equilibrio.
Este es el problema del que
estamos hablando cuando, durante el café, decimos que el país ya no se siente
como el lugar que creíamos que era excepcional. Es el problema que tratamos de
abordar cuando decimos "esto no es normal" y cuando preguntamos
"¿Qué nos ha pasado?".
Lo que nos ha sucedido es Donald
Trump. Y esto no es normal. Si bien puede ser natural desenchufarlo de vez en
cuando, el dolor persistente nos recuerda que el daño continúa.

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